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La sonrisa de Nabela

Todas las mañanas escuchaba una sonrisa que destacaba por encima del griterío de los niños mientras jugaban, la de Nabela, una niña de 6 años que estaba todo el tiempo bromeando y vacilando a sus amigos. Era mi vecina, vivía con sus primos y hermanos en una casa muy pobre y un día se acercó para que le hiciese una fotografía. Mientras la fotografiaba me vacilaba todo el tiempo y al final hizo que me riese sin parar, creando una de las sesiones más divertidas de mi vida. A su lado venía su primo de 5 años, me lo presentó como “amigo chorador”, porque decía que estaba todo el tiempo llorando por tonterías. Amigo chorador a veces lloraba porque tenía hambre. Estuvimos 21 días jugando y paseando cada vez que nos encontrábamos, nunca la escuché quejarse de nada y le faltaba de todo: comida, salud, juguetes… Un día, mientras paseábamos, le compré unos chupetes (piruletas) en una tienda que era un antiguo contenedor de barco. Al cogerlos se acercó a un niño que no conocía de nada y le regaló uno de los dulces, después me miró y se partió de risa. Me enseña como nadie lo poco que voy conociendo del continente africano, desde un punto de vista que nunca se utiliza a la hora de hablar sobre Africa: desde la sonrisa, desde la esperanza, desde la ilusión… ya que a pesar de muchos es un lugar rebosante de alegría y humor.

 

 
Suerte

Por su seguridad y respeto no lo nombraré debido a que es “ilegal” para las autoridades por no tener papeles, pero no porque no esté deseando tenerlos, se los niegan los que le llaman ilegal. Así que lo llamaré SUERTE.

Llegó en cayuco desde Senegal hasta Canarias impulsado por las fuerzas de un sueño provocado por la desesperación. Hablamos en casa de una gran amiga en Tenerife, ambos acogidos por ella durante unas semanas, el supuestamente estaba escondido. Estaba recién expulsado de un centro de acogida de menores por culpa de una pelea en la que nunca participó, SUERTE es antiviolencia, simplemente le cogió cerca y el dedo del cuidador le señaló junto con los culpables por estar allí, donde tenía que estar porque en la calle lo tiene prohibido, es un “ sin papeles”.

Hablamos y hablamos, me explicó el viaje en cayuco que emprendió junto con un amigo de su edad, 17 años, viaje que empezó en Guinea Bissau y continuó por Senegal hasta llegar a Canarias, paraíso del turismo para los que tienen papeles.

Uno por ignorancia, yo, siempre piensa que el mayor peligro de la travesía es el mar y el mal tiempo, pero SUERTE me explicó que además de los peligros mencionados existen otros muchos que acontecen dentro del cayuco durante el viaje. Su amigo fué avisado a última hora del lugar de partida porque ya había reunido el dinero para poder embarcar y se apuntó a la “excursión hacia la riqueza”. La embarcación estaba dirigida por dos patrones que se turnaban para dirigir mientras navegaban, no era la primera vez que cruzaban a Canarias y eran los únicos de todo el cayuco que deseaban ser detenidos y repatriados en avión a Senegal para volver a reunir gente suficiente para otra travesía en cayuco, cobran mucho dinero a cada pasajero. Las partidas siempre son desde playas en horas de madrugada, bajo la luna. A veces, gente sin dinero bucea por debajo de los grandes cayucos y se suben delante sin hacer ruido para no ser vistos, el problema es cuando se hace de día en alta mar y un patrón al reconocerlos les exige el “billete”. Muchos acaban en el medio del mar tirados por la borda debido a que sin pagar no se viaja, la compasión no existe en muchos de los patrones.

Cuando llevaban días navegando el amigo de SUERTE se levantó a orinar y el patrón lo castigó atándole una mano a un lateral de la embarcación el resto del viaje. Alegó que estaba prohibido levantarse en medio del mar por peligro a ser vistos. Partieron unas 60 personas de diferentes nacionalidades africanas y eso es un problema, muchos se pelean porque las rivalidades entre países son muy duras y antiguas, a veces esas peleas acaban con alguien acuchillado o arrojado por la borda. Más de la mitad de los que viajan no saben nadar porque son de pueblos del interior.

Estos son algunos de los muchos peligros que corren los que cruzan en cayuco comentados por SUERTE, que llegó junto con su amigo... otros miles no llegan. Ahora se encuentra en una ciudad de Portugal acogido por su primo que es electricista, ese era su objetivo cuando partía y lo consiguió, llegar junto a su primo.

El otro día hablamos por teléfono y me dijo: “¿Ves? al final tuve SUERTE “.

 

 
Niños Latas

Dakar es una de las ciudades más avanzadas del noroeste de África, es una urbe con continuo ruído de coches y personas, un lugar donde el intercambio en la calle dura las 24 horas, sin horarios. Pero hay otro comercio, el de los niños. Cuando uno se levanta a las 6 de la mañana lo primero que ve son niños con pequeñas latas vacías en las manos deambulando por las calles, unos vuelven de la noche y otros continuan hacia el día. Los que tienen suerte duermen amontonados encima de colchones rotos escondidos en medio de la ciudad. Estos lugares son regentados por adultos y tienen un “acuerdo” con los más pequeños: les ofrecen poder dormir en los escondites a cambio de mendigar por dinero. Ellos salen con sus latas vacías para pedir y los mayores esperan sin hacer nada a que vuelvan con una cifra pactada, los que no la consiguen no se atreven a volver por miedo a las represalias y continuan sin dormir hasta conseguirla.

Estos niños aceptan estas condiciones porque no tienen otra opción de vida mejor, el miedo al secuestro es lo que más les preocupa.

 

 
Cobarde

Eduardo es uno de los muchos chicos de Guinea Bissau que rebosa talento y optimismo, es un tipo que tiene una agilidad especial para transmitirte tranquilidad, habla lo justo y nunca se agota de escuchar.

Nos conocimos hace un año, me proporcionó auténticas lecciones de todo tipo sobre la vida, yo intenté enseñarle hacer fotos para que plasmase todo lo que me contaba con imágenes, a la hora de hablar compartimos momentos muy alegres y muy tristes, como los buenos amigos.

Una noche, la última de nuestra estancia de mi compañera de trabajo y yo, fuimos invitados a una cena para ser despedidos por todos nuestros amigos y compañeros de trabajo en Bissau, mataron un cerdo para la cena y celebrar el habernos conocido, es una manera de decir hasta luego.

Para ellos esta cena era especial por la compañía y por el menú, el cerdo es un manjar que lo degustan en ocasiones muy especiales, es plato demasiado sabroso y escaso para comer cualquier día, se necesita celebrar algo y sobre todo se necesita compartirlo. Todos comían con una sonrisa debido al hambre que padecen a diario, es una carne que saborean a fondo porque saben que pasará tiempo en tener otra oportunidad. En medio de esta fiesta gastronómica me llamó la atención que Eduardo no comía y no era por ganas, desde luego, así que le pregunté porque no probaba bocado.

“Mira Gabriel, un día cuando estábamos en guerra caminaba con un gran amigo por una calle y de repente nos vimos envueltos en un tiroteo, corrí a refugiarme al primer lugar que encontré bajo tierra, pero enseguida me di cuenta que ami amigo no estaba a mi lado y empecé a escuchar gritos de auxilio. Estaba herido por un mortero en las dos piernas y no podía moverse en medio del fuego cruzado, sus gritos de dolor y miedo eran tremendos. Me pedía ayuda porque sabía que estaba muy cerca, podíamos vernos, pero no fui capaz de ayudarle, no me atreví, me paralizó el miedo, lo intenté con todas mis fuerzas pero no era capaz de moverme. Cuando se calmó todo salí a recogerlo pero ya era demasiado tarde. Lloré como nunca, lo recogí y empecé a caminar hacia la casa de su familia, aturdido, como si estuviese drogado por el impacto, fue horroroso. Cuando llevaba unos metros caminados, un cerdo grande corría por el mismo camino en dirección contraría, venía como escapando de algo y cuando pasó a mi lado me di cuenta de que llevaba una mano de una persona en la boca, ¿entiendes ahora porqué no puedo comer cerdo? me encantaría superarlo pero me es imposible.

Aquel día fué el peor de mi vida, aprendí lo injusta que es la vida y lo peor es que me di cuenta de que era un cobarde por no ayudar a mi amigo cuando me necesitaba.”

 

Me quedé en silencio pensando como decirle que no podía sentirse un cobarde,le intenté explicar que su manera de actuar era la correcta, la de cualquier persona con ganas de vivir, pero no conseguí convencerlo ni siquiera un poco, así que le dije que lo admiraba muchísimo y que no dejase de luchar porque los demás le necesitaban.

¿Como se convence a una persona que se siente culpable por salvar su vida, de que los autores de la muerte de su amigo son los cobardes?

 

 
Héroe

Se llama Pansau Labana. Es maestro en la aldea de Biur, un lugar muy pequeñito situado en una esquina de África, sin recursos y con poca esperanza. Nos hemos visto en los últimos 10 meses en tres ocasiones y cada vez está más desnutrido pero no desilusionado. Cuando nos conocimos me dijo que era maestro y pensé que sería un tipo con suerte. Hace unas semanas lo encontré en su lugar de trabajo y comprobé cuales eran sus condiciones laborales. Trabaja a cambio de un poco de comida (casi siempre arroz) que le acercan las familias como agradecimiento a su labor, duerme sobre el suelo del aula, sin colchón, carece de agua y luz. Pansau tiene la posibilidad de llevar una vida mejor enseñando en otro lugar, podría vivir en una casa con mejores condiciones, así que le pregunté si en algún momento se había planteado tirar la toalla:

“Mi familia es de esta aldea, llevo aquí enseñando 4 años a esta gente que no tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir porque a nuestro gobierno no le interesa este lugar, así que seguiré enseñando hasta que no pueda más, porque si no lo hago yo nadie lo hará.”

Pienso que Pansau es un héroe, porque los auntéticos héroes siempre son anónimos.

 

 
Famosos

Llevaba 15 días en Yogyakarta, una ciudad al sur de la isla de Yakarta, en Indonesia, que acababa de ser sacudida por un terrible terremoto que causó miles de muertos, en la misma zona que meses atrás el tsunami arrasara con vidas y todo tipo de pertenencias de los más pobres. Para colmo, estaban amenazados por uno de los volcanes más activo del planeta, el Merapi. Acababa de despertar y los viejos del lugar recordaban perfectamente como la última vez que “escupió” miles de personas fallecieran debido a los gases previos a las explosiones.

La gente estaba vencida y desesperada, los hospitales ambulantes ocupaban el medio de las calzadas totalmente abarrotadas de enfermos. Muchos de ellos aguantaban apenas unas horas, el calor y las enfermedades siempre se llevan a los más débiles.

Nosotros, cinco personas de rescate con perros y yo, dormíamos bajo tiendas y lonas en una finca de una persona maravillosa que nos acogió como ningún hotel sabe, con los brazos abiertos a cambio de nada. Cada mañana caminaba por los restos de las casas, conocía a los vecinos que me contaban como pasaran la noche, unas noches llenas de violencia provocada por el hambre. La gente se robaba entre sí  todo aquello que podían, muchas veces nada, y casi siempre acababan en enfrentamientos con víctimas. La violencia nocturna parecía el único recurso. Unos intentaban robar para llevarse algo a la boca, otros intentaban defender lo poco que les quedaba. Eran vecinos de día y rivales de noche. En los pequeños barrios, los más jóvenes y sanos se organizaban por turnos alrededor de las hogueras para vigilar, tenían estrategias de defensa y ataque, porque decían que a veces defenderse pasaba por atacar primero. Los ladrones también tenían su mérito, sabían que las posibilidades de éxito eran muy escasas y las de ser descubiertos muy altas, todo para intentar robar cualquier cosa para vender y así poder comer algo, la desesperación les obligaba a arriesgarse, eran muchos los que cada noche morían, vecinos y ladrones.

Un día, después de llevar unas cuantas fotos enviadas para intentar reflejar todo este caos, la agencia a la que enviaba me comunica que deje de enviarles más fotografías, justo cuando peor se ponían las cosas, el cólera estaba acabando con los más débiles. Les pregunté cuales eran los motivos, estaba sin perspectiva de lo que fuera de allí estaba sucediendo y me comentaron que acababa de fallecer una persona muy famosa en España, Rocío Jurado, así que esta gente no ya no era noticia, todos los medios de información estaban volcados con esta nueva “gran tragedia”.

Una vez más dejaron de existir.

 

 
Crisis

Estábamos hablando como tantas veces mi amigo Jacinto y yo. Jacinto es un electricista que lo está pasando muy mal por falta de trabajo, tuvo la mala suerte de nacer en el continente más pobre del mundo, Africa, y me confiesa que en realidad nunca pasó por una buena racha. Impresiona por la serenidad con la que cuenta historias desesperantes para cualquiera de nosotros, lo dice sin perder nunca la sonrisa, y le encanta repetir “tudo dereito” sonriendo, es su manera de ver la vida.

Al pasar un buen rato, me pregunta como se está viviendo la crisis que estamos atravesando en España, le contesto que está siendo muy dura de una manera muy poco coherente por mi parte; digo poco coherente porque por un momento olvidé con quien estaba hablando. Jacinto ha pasado las peores enfermedades, una guerra muy sucia… en fin, no estuve nada acertado, desde luego.

Pero lo mejor fué sin duda su contestación:

"Pues aquí la crisis mundial todavía no ha llegado, como nunca tuvimos nada…" y sonríe.

Tudo dereito Gabriel, tudo dereito!

 

 




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